
Los problemas comportamiento de
uno de nuestros hijos distorsionan gravemente nuestra vida familiar. El chico
se muestra contestón o rebelde, la chica desobedece o nos ignora directamente.
Cuando aparecen estas situaciones es normal que los padres se pregunten: ¿El
chico tiene un problema? ¿Tendrá algún conflicto psicológico? ¿Le ha pasado
algo en clase? En ese momento piensan, le llevaremos a un profesional para que
lo analice y le ayude. No obstante, aunque, es cierto que nuestro hijo puede
estar sufriendo algún conflicto, el primer examen lo tenemos que hacer en
nuestra familia o en nuestro estilo educativo. Muchos problemas de conducta residen en las dinámicas, hábitos, estilos o
estructura de la familia. Por eso, mi primera recomendación es
autoadministrarse el “test de la C”.
No pretendo jugar a pasapalabra,
pero hay muchas claves (Con “c”) en la familia para detectar la causa (Con “c”)
de un problema de conducta (Con “c”). Con
la letra c podemos hacer un recorrido por los factores que está sosteniendo el
problema de conducta.

2.
Control
emocional: Corregir dominados por la ira, opinar controlados por nuestra
ansiedad, motivar influidos por nuestra pena son hábitos que promueven en el
hijo reacciones comportamentales. Es difícil manejar las propias emociones (la
tristeza, la ira, el miedo, el entusiasmo…) para poder influir en nuestro hijos
como deseamos. Aunque parezca increíble, hay gente que lo hace. Esto se puede
aprender.
3.
Consecuencias:
Todo el mundo sabe que el mal comportamiento debe tener consecuencias. Pero tal
vez olvidemos que las consecuencias deben ser concretas, previsibles, más o
menos inmediatas, proporcionadas y significativas (en otro artículo nos dedicaremos
a hablar sobre los castigos). Además, las consecuencias más potentes son las
consecuencias positivas sobre el buen comportamiento. Es más eficaz recompensar
con puntos, chuches, elogios, tiempo de juego la conducta de estar sentado
estudiando que castigar con puntos, chuches, reproches, tiempo de juego el
comportamiento de levantarse constantemente de la mesa de estudio.

5.
Coherencia:
se refiere a ser modelo. Yo le pido esfuerzo en los estudios y él observa mi
empeño en el quehacer diario. Yo le pido que hable con respeto de los
compañeros y él observa que yo soy leal a los compañeros de trabajo. Yo le pido
que él controle su mal genio y él observa que yo disipo mi mala leche para
hablar con él. Etc.

7.
Clima:
el ambiente en el hogar es crucial. La relación familiar, las ganas de estar
juntos, las actividades placenteras que hacemos reunidos, las demostraciones de
afecto, la capacidad de perdonar las meteduras de pata, la actitud de
adaptación a las defectos de los demás, las comprensión de las necesidades de
unos otros. Es bueno preguntarse si los padres queremos trabajar para crear
buen ambiente en el hogar.
8.
Calendario:
examina el tiempo que dedicas a la
familia, a tus hijos. ¿Cuánto tiempo te
queda después de trabajo, hobbies, compromisos, descanso para estar con tus
hijos? Tiempo para supervisar, para ver que se cumple un castigo, para reír,
para escuchar.
En definitiva
espero que este pequeño análisis nos ayude a comprender mejor los problemas de
comportamiento de nuestros hijos y enfocar mejor nuestra estrategia de trabajo.
Ahora bien, si algo no está correcto (con “c”), considera (con “c”) con calma
(con “c”) los cambios (con “c”) que te toca corregir (con “c”).