martes, 11 de octubre de 2016

NO NOS ENTENDEMOS. ESTAMOS EN MODO HOSTIL.

Las discusiones, los enfados y los roces suelen ser elementos naturales en la vida familiar. No obstante, en ocasiones estas situaciones se convierten en un conflicto enquistado. Parece que la relación de pareja no puede abandonar el “modo hostil”, percibimos que nuestro hijo  está siempre a la defensiva o la comunicación con nuestro hermano se hace muy difícil. En estos casos, nos encontraremos que “varias personas tienen posiciones, valores, intereses o deseos contrapuestos” y eso está contaminado por las emociones y el estilo de comunicación.

Pueden surgir conflictos sobre cómo gastar el poco dinero que tenemos, cómo emplear nuestro tiempo libre, cómo educar a los hijos, cómo debe ser nuestra relación con la familia política, sobre quién debe responsabilizarse de qué en la casa o incluso cuáles deben ser los papeles que juega miembro en la casa. No obstante, el desencadenante no suele ser la causa. Más bien hay que revisar la historia de roces y de “facturas pendientes” para poder clarificar de dónde procede la crisis.

LA TEORÍA DEL ICEBERG
Ante esta situación, nuestro primer consejo debe ser definir bien el problema. Esto puede suponer la mitad de la solución. Para ello recurriremos a la teoría del Iceberg. El hielo que se percibe fuera del agua solo representa el 20% de la masa total. En un conflicto, cada persona mantiene una POSICIÓN (deseo ir a jugar al padel / no quiero que vayas a jugar al padel). Esto es lo que se observa. Dos personas discutiendo, como si la vida le fuera en ello, para conseguir que el otro ceda en su posición.
No obstante, la discusión esconde “bajo agua” otros elementos. Cada postura se explica con los INTERESES. Estos responden a la cuestión de por qué mantiene esa postura (He quedado con el jefe para jugar y no le quiero fallar / necesito ayuda con los niños porque estoy estresada). Conocer los intereses que justifican cada posición ayuda a buscar caminos de conciliación (Jugar al padel no va ser una costumbre / mañana te quedas tú con los chicos).  

Otro elemento, más sumergido, son las NECESIDADES. Los intereses se explican acudiendo  a la necesidades de cada persona: necesidad de afecto, descanso, ser aceptado, seguridad, sentirse realizado, bienestar emocional. Conocer las necesidades profundas que movilizan el comportamiento del otro nos ayuda a ser más respetuosos con su posición y dialogar con más calma. Dejamos de ver al otro como un caradura que solo quiere imponer su posición y nos abrimos a la posibilidad de conciliar intereses y necesidades.

SECUESTRADOS EMOCIONALMENTE


En muchas ocasiones, cuando las posiciones se contraponen anida en nuestro interior la condena (es un … “tal o una cual”), el catastrofismo (me va a reventar la cabeza) o los deseos de venganza (le voy a pagar con la misma moneda). Cuando esto ocurre, somos secuestrados emocionalmente, nos configuramos en “modo hostil” y utilizamos un estilo de comunicación agresivo. En ese momento, no deseamos resolver el conflicto. Solo queremos ganar e imponer nuestra visión de las cosas.

Por eso, conviene tomar distancia del problema, ir despacio, reflexionar sobre los intereses y necesidades compartidos, mostrar actitudes templadas, eludir el sarcasmo, cuidar el estilo de comunicación y si, solos no podemos, pedir ayuda a un profesional.


Cada familia es única y cada crisis familiar integra un universo de historias, implicados y connotaciones pero espero que esta pequeña reflexión nos anime a fortalecer nuestras relaciones personales.